viernes, 19 de febrero de 2010

Yo también he estado enamorada...

Como si el curso de mi mundo dependiera de ti, caminé lo más rápido que mis pies me permitían. Me detuvo la fila de autos, que parecía interminable, en la avenida principal. Me llevabas una calle de ventaja. En ningún momento volteaste aunque yo deseaba que lo hicieras. No podía gritar. Al cruzar la calle te perdí de vista. Un pinchazo en el dedo de uno de mis pies me detuvo, el zapato me hizo una herida y el dolor era agudo. Cuando miré nuevamente, solo pude distinguir tu silueta a lo lejos, no sabía si caminabas o estabas detenido, quizá por fin volteabas.

El autobús llegó más rápido de lo esperado, subí e intenté verte a lo lejos. No te encontré. Ya en camino, miraba hacia la ventana, una ventana sucia y rota que no me permitía ver con claridad. Yo me aguantaba las lágrimas nuevamente, como tantas veces. Pensé en llamarte, en pedirte que estuvieras conmigo, desee haber tenido auto y llevarte hasta tu casa y que me besaras en la puerta, como muchas noches. Y luego, me vino a la cabeza la idea de que tu indiferencia se debía a que, habías regresado con ella. Que en el momento en el que yo, con el corazón en la mano pidiera que estuvieras conmigo, porque lo necesitaba, tu me dijieras que no, que estabas nuevamente con ella y que lo sentías. Y ahora si, mi mundo se venía para abajo.

Las vueltas del autobús, la gente que subía y bajaba y el aire que entraba de a poco por la ventana rota del asiento en el que estaba, fueron aclarando mi mente. Respiré profundo y en ese respiro la bocanada de aire me devolvió la vida y la certeza de que YO SOY LA ÚNICA RESPONSABLE DE MIS SENTIMIENTOS.

Advertencia: textos catárticos, simples creaciones espontaneas de la histeria.


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