viernes, 19 de febrero de 2010

Transmutáre.

No sé cuanto tiempo estuve hundido en aquel duermevela en que los sentidos perdieron su valor. Mi afección, que había empeorado hace un par de meses con la pérdida de mi trabajo, me enloquecía.

Había iniciado diversos tratamientos para acabar con ello, pero ninguno me daba resultado. Cada vez, me encontraba tomando medicamentos, bebiendo infusiones y haciendo una serie de cosas increíbles para acabar con ello y nada.

Cuando por fin lograba dormirme, despertaba a ratos, sudando, asustado y encontraba la televisión encendida. La apagaba. Intentaba dormirme nuevamente y ahora, por la falta de ruido, no lograba hacerlo. La televisión se había convertido en mi compañera. Nunca lograba ver un programa completo, cada parpadeo entre programa y programa, duraba minutos, a veces horas y luego súbitamente volvía a despertar.

Cada día mi noción del tiempo se atrofiaba más, las ventanas siempre cerradas, el departamento sucio, la misma ropa de hace, no sé cuantos días, el refrigerador vacío, la despensa en las mismas, la entrada atiborrada de sobres, seguramente cuentas por pagar.

Recorría el departamento en 30 pasos y me regresaba a la cama. Me acostaba, respiraba profundo y me obligaba a dormir.

- ¿Cómo se obligaba a dormir? Pregunta el doctor.

- Cerraba los ojos y me disponía a no abrirlos, no importa lo que pasara.

- ¿Y lograba dormirse?

- La mayor parte del tiempo no me dormía, estaba despierto, con los ojos cerrados, como mirando para adentro, pero siempre escuchando la televisión, esa nunca se apagaba.

Lo que me trajo aquí es eso. Cada vez que me obligo a cerrar los ojos y logro hacerlo durante un largo periodo de tiempo, me pierdo. No sé si duermo o no, pero pasan cosas y ahora siento miedo.

- ¿Qué cosas suceden? , explíqueme.

- Tengo sueños o visiones extrañas, ya no sé que son, me causan mucha ansiedad. He sentido que floto por los aires, dormido, salgo por mi ventana y recorro la ciudad. Otra vez, presencié el conflicto armado de medio oriente, los balazos se escuchaban tan reales.

Terminó de hablar y cayó dormido sobre la mesa, como fulminado. Un par de enfermeros, lo trasladaron a una habitación y lo acostaron en la cama.

No sé cuanto tiempo estuve hundido en aquel duermevela en que los sentidos perdieron su valor. Mi afección, que había empeorado hace un par de meses con la pérdida de mi trabajo, me enloquecía. Me desperté sorprendido de que estuviera vivo todavía.

Hacía apenas un segundo - de acuerdo al mundo temporal - se había realizado el tránsito, de manera que sólo ahora empezaría a conocer las modalidades y características de su nuevo mundo.

Simplemente fue un cambio de estado, un tránsito normal del mundo físico a un mundo más facil, descomplicado, en el que habían sido eliminadas todas las dimensiones. Al fin, dormiría tranquilo.

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