viernes, 19 de febrero de 2010

La mujer de mi vecino es una muñeca inflable.


-Ahí está, juro que la vi pasar! alegaba mi hermana, mientras a empujones intentábamos mirar a través de nuestra ventana para ver si se asomaba.

Y es que hasta el nuevo vecino ha resultado ser un interesante misterio para tres mujeres (yo y mis hermanas) con mucho tiempo libre y pocas cosas que hacer.

Según me cuentan, mis hermanas, cuando ellos se mudaron eran 2, un hombre joven y su esposa que parecía mucho menor que él, persona que hasta el día de hoy es un misterio pues nunca sale, ni se le ve a sol o a sombra.

Y mientras mis hermanas, siguen empujándose en la ventana, yo me acuesto plácidamente en la hamaca y cierro los ojos pensando en que lo más probable sea que nuestro vecino tenga por esposa una muñeca inflable a la que le hace el amor apasionadamente todas las noches y por las tardes, específicamente entre las 2 y las 4, que es la hora en que viene a comer.

Bajo una pierna y me sigo meciendo en la hamaca, dejo de escuchar las voces de mis hermanas y sigo pensando en lo bien que se la pasa el vecino, en lo callada que debe ser su mujer y…

-Ahí está!!!!!, chinga te dije que no te movieras, ya se subieron al coche…grita mi hermana y me levanto de la hamaca de un salto. Demasiado tarde, sólo puedo ver el automóvil a media esquina y que van dos personas dentro, pero eso no me dice nada. Ni resuelve el misterio.

Me regreso a la hamaca y cierro los ojos y pienso, -que rico tener una mujer que huela a juguete nuevo todos los días-.

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